Dos elementos contaminantes para tu vida de pareja


Juan pensaba que tenía una buena salud física, hasta que un chequeo médico de rutina le detectó un pequeño tumor en el pulmón. Los 15 años trabajando de camarero en una discoteca le habían pasado factura. Aunque él mismo no fumaba, haberse expuesto a aquel ambiente de fumadores, le había convertido en un fumador pasivo. Con todas sus consecuencias.


Lo mismo puede suceder con tu vida de pareja. Existen “ambientes” patológicos que producen daño casi sin que te des cuenta. Cuando el tumor aparece, a veces ya es demasiado tarde. Veamos cuáles son.


1. El flirteo, el coqueteo con alguien ajeno a la relación. Todo comportamiento está motivado por una recompensa, por un reforzador. Si a ti te aparece agradable coquetear con quien no es tu cónyuge, ok, eres libre de elegir ese derrotero. Sin embargo, toma en cuenta una cosa: Si tu comportamiento se repite, entonces adquieres un hábito y tu conducta se arraiga. Todo comportamiento repetido constituye una forma de entrenamiento.

Caminar produce una huella sobre el césped. Mientras más veces repasemos, más clara será la huella. Lo mismo ocurre con las conductas humanas. Si lo que quieres es mantener fidelidad, fortalecer los lazos con tu pareja de manera exclusiva, y si esa es tu decisión, entonces no puedes entrenarte en precisamente lo contrario. ¿Te gustaría que tu pareja hiciera lo mismo? ¿Qué coqueteara con otro hombre o mujer enfrente tuyo? ¿Porqué el hecho de que tú no estés presente lo convierte en diferente?


2. La pornografía. El modelado es otro de los dominios de la explicación del comportamiento humano. En términos sencillos significa que aquello que observamos puede aprenderse simplemente por exposición. Un grupo de niños observa un vídeo donde otros niños golpean un muñeco bobo. Luego se introduce un muñeco bobo en la habitación y los niños empiezan a golpearle. Nadie les ha dicho lo que tienen que hacer. Lo aprendieron por observación. Simple y llanamente.

Del mismo modo, la pornografía está enmarcada en un contexto que convierte a la mujer en un objeto. Si el varón o la mujer se exponen a la pornografía, aprenderán que el disfrute sexual básicamente consiste en utilizar al otro como un objeto para el propio placer. Poco importa el placer ajeno. Extrapolar esto a la realidad cotidiana de la vida de pareja es pretender que el contexto artificial de la pantalla, por arte de magia se traslade a la realidad del matrimonio y que encima funcione.

El varón o la mujer expuestos a la pornografía, habrán aprendido por exposición, que el otro básicamente es un objeto que se tiene que utilizar para el disfrute personal. Poco importan las cualidades, la lealtad, el afecto sincero, la honestidad, lo virtuoso del ser humano. Te habrás entrenado en valorar a tu pareja como si fuera una pizza, un pollo a la brasa, un taco mexicano. Algo de lo cual disfrutar y punto. ¿Qué tan fiel serías a un pollo a la brasa?

Ten cuidado con estos contaminantes. Entonces será menos probable que se desarrolle un tumor maligno en tu vida de pareja. Hasta la próxima semana, espero tus comentarios.

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